En esta Semana Santa, además de un viaje a Cuenca, me he acabado este libro de Eduardo Mendoza. Creo que podría decir que es mi escritor favorito y poco a poco cada vez me quedan menos libros suyos por leerme.
Este libro es la continuación de 'El misterio de la cripta embrujada' y 'El laberinto de las aceitunas'. El protagonista, del cual seguimos sin conocer su nombre, vuelve a salir del manicomio en el que estaba encerrado y se encuentra de pleno en los noventa, en la Barcelona post-olímpica. Sin quererlo vuelve a verse implicado en un caso, el cual intentará sobrellevar con su picaresca que incluso él desconoce del todo, viéndose como principal sospechoso de un asesinato.

La lectura vuelve a ser rápida y directa, impregnada con un humor cínico que me recuerda mucho a Terry Pratchett. Los personajes inverosímiles rodean la historia en todo momento, mostrando una exagerada parodia de la realidad. La trama cuenta con bastantes giros que dan la vuelta completa a la historia, creando situaciones imposibles.
Y por último, esas frases que hacen recordar el libro con una sonrisa.
Lo único que puedo asegurar es que en ninguna ocasión, ni siquiera en los más críticos bretes, he visto, conforme suele contarse, pasar ante mí mi vida entera como si fuera una película, lo que siempre es un alivio, porque bastante malo es de por sí morirse para encima morirse viendo cine español.